Que placentero me resulta el olor a los pastos humedecidos
por el sereno nocturno de la tierra en flor.
Que calma siento al oír la monótona sinfonía
liberada por los seres noctámbulos.
Y en la oscuridad de estas horas;
el cosmos se devela mostrando a cada una de sus hijas,
dignas de contemplar y admirar con mis negras esferas,
su incesante intento de consumir la vasta sombra astral.
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