4 abr 2010

XVIII

Sí hay cosas que aun me brindan grata alegría
son las risas de los pequeños inocentes
y el frenético mover de cola
de los nobles canes...
¡jaj!

XVII

La estación estival se nos arranca,
acecha con sigilo la gris primavera.
El tiempo cambia junto a mi estado anímico,
al igual que pasa cada vez que me enamoro,
me torno aun más melancólico...

XVI

Cuan buen momento es la hora de la literatura,
en cada libro logro el máximo estado de soledad.
¡Que plenitud más austera!
Aun no descubro mejor quehacer
para encontrarse con uno mismo.

XIV

Ni del llanto, ni del lamento;
si del odio y del silencio.

3 abr 2010

XIII

Un río, un sauce y una pradera eterna.
Un sol radiante, un cielo celeste
y yo bajo la sombra del árbol,
observo como el viento ondea el pasto.
Un grito, una risa y un espasmo
Un suspiro y mil ideas...
La imagen de una dama se manifiesta en el recuerdo,
sabrosa de conocimiento,
deliciosa de libertad.
Dotada de verdad y odio a la fugacidad...
Una caricia, un abrazo y un beso
honores y alabanzas a la musa inefable,
que con vehemencia permanece en mi conciencia...
¿Dónde te escondes mujer ideal?
¡Para abrazarte y besar!

XI

... y las nubes decidieron partir,
para dejar que el tenue haz de dulce soledad
atravesara con ímpetu el umbral de mi ventana.
Bella Luna,
lejana y desolada,
que ennegreces mi sangre derramada,
no envejezcas nunca frente a mi ventana...

X

Que placentero me resulta el olor a los pastos humedecidos
por el sereno nocturno de la tierra en flor.
Que calma siento al oír la monótona sinfonía
liberada por los seres noctámbulos.
Y en la oscuridad de estas horas;
el cosmos se devela mostrando a cada una de sus hijas,
dignas de contemplar y admirar con mis negras esferas,
su incesante intento de consumir la vasta sombra astral.

2 abr 2010

IX

Decaigo mientras me amanezco embriagado
con el carmesí elixir de vida.
Sangre, espesa sangre que fluye como la savia
de las heridas en mi corteza…
Miseria al sofocarme en el negro vacío
invocado por mi aciaga ira;
donde mi odio eyacula el deseo de desolación;
que con crueles respiros
me ayudo a volar para llegar a un místico locus amoenus;
que enraizado se encuentra en estas seculares memorias,
que conservo desde mucho antes de mi gestación.

VIII

Cierro mis ojos para sumergirme
en lo inexorable de un vasto erial.
Perdido en lo más recóndito del silencio,
donde mis suspiros susurran nostálgicas melodías
de olvidados recuerdos.
Y cada uno de mis sentidos
no cesa de componer en esta sublime catarsis...
Ascensión en un mágico baño de luz de luna
Mientras que con un frágil rictus
evoco mi goce con el soplo nocturno.
Lleno de inefables visiones que brotan y florecen
Como las estrellas lo hacen en el inmortal éter
al momento del constante descanso de Helios...