13 ago 2012

XXXVII

Elevarme tranquilamente ver mi triste imagen deformada en los gélidos caudales
Caudales del hielo cordillerano, mortales, infinitos...
Copas secas, ramas como garras, suelos rojos, amarillos, verdes, quietos, siempre inmóviles...
Siluetas negras, pequeños voladores que viajan a otras cimas,
a más altura, mayor mi frío...
mis extremidades se tullen, siento sueño, mis ojos se cierran y ahora caigo...
¡Pum! De un golpe a la escarcha, al fin descanso...

XXXVI

Me hipnotiza el valle y en lontananza, la blanca cordillera,
las plantaciones rojas que aguardan una lejana primavera,
los álamos y los sauces, y esas vastas extensiones de árboles negros...
Me imagino escondido en sus húmedas fauces, 
sumergido en su niebla y acostado en su verde lengua...
Desapareciendo en su solemne y fría plenitud...