Decaigo mientras me amanezco embriagado
con el carmesí elixir de vida.
Sangre, espesa sangre que fluye como la savia
de las heridas en mi corteza…
Miseria al sofocarme en el negro vacío
invocado por mi aciaga ira;
donde mi odio eyacula el deseo de desolación;
que con crueles respiros
me ayudo a volar para llegar a un místico locus amoenus;
que enraizado se encuentra en estas seculares memorias,
que conservo desde mucho antes de mi gestación.
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