31 mar 2010

IV

Flagelación interna, agonía espiritual.
Abrazado por la indómita desolación
y furtivo del afilado silencio.
Esperando por fallecer, sin ninguna distracción;
mientras se extingue la flama,
por el lento asedio de la oscuridad.
Los nefastos vientos soplan las carnes;
agentes de monumentos de espinas
e interminables coros de llantos.
Mientras una tenue luz ilumina,
y dolorosos ojos observan la negra salvación…
Invoco la muerte ahogándome en la sangre.

I

A través de praderas llenas de cicatrices
y heridas que brillan con la débil luz de la inexistencia...
¡Qué tranquilidad! ¡Qué dulce paz!
¡Qué serenidad tan interna!
¡Qué felicidad tan suprema y tan agravada de dicha!

Para llegar más allá de la tela del engaño espiritual,
que la humanidad ha estado tejiendo por milenios
y hacer frente a la verdad más horrible de todas...
Cada sueño se rompió; pisoteado y perdido...
Cada palabra hecha callar para siempre y eternamente...
Declive... Regresión principal... Pavorosa... Bella nada...